Subversión sensible
La pregunta que abre la edición 2026: qué puede hacer el arte cuando la cultura está mediada por algoritmos, plataformas y lógicas de visibilidad.
La línea temática de este año se articula en torno a una pregunta central: ¿qué puede hacer el arte cuando la cultura está cada vez más mediada por algoritmos, plataformas y lógicas de visibilidad? «Subversión sensible» propone pensar la creación artística como un espacio de resistencia, imaginación y reconstrucción de la experiencia.
1. El arte como resistencia a las lógicas algorítmicas
Vivimos en un ecosistema donde los algoritmos ordenan qué vemos, qué consumimos e incluso cómo producimos sentido. Frente a eso, el Foro propone mirar aquellas prácticas artísticas que desestabilizan esa lógica, que trabajan desde lo inesperado, lo invisible, el ruido o el absurdo para abrir otras formas de experiencia.
2. Recuperar la sensibilidad y la subjetividad
Más que competir por la atención, esta edición pone el foco en el arte como una forma de recomponer nuestra relación con el mundo. La creación artística aparece como un espacio donde conocimiento y emoción vuelven a encontrarse, permitiendo recuperar la experiencia sensible y la capacidad de imaginar otros modos de habitar el presente.
3. El Foro como un espacio para imaginar alternativas
«Subversión sensible» no plantea respuestas cerradas, sino un campo de preguntas. Invita a pensar cómo el arte puede generar nuevas narrativas, tensionar los modelos dominantes de comunicación y producir experiencias transformadoras desde la imaginación, la crítica y la creación colectiva.
Línea temática
De un tiempo a esta parte, nos hemos acostumbrado a vivir en un entorno con tecnologías que envían insistentemente una multiplicidad de mensajes e instancias de sentido, y que por acumulación, exageración o yuxtaposición, terminan por inundarnos de imágenes significantes cuyas profundidades no son más que residuos de «verdad». En este escenario, lo que queda bajo asedio es una sensibilidad centrada en el sujeto, la cual deriva en una superficie donde descansa el agote de la atención. Por tanto, en el marco de estas negociaciones perceptuales, donde un estímulo sigue al otro en una cadena sin aparente coherencia, la atención sobrecargada no conecta con la sensibilidad, convirtiendo el acto emancipatorio en una cosmética y la función política en una entelequia. Así, el sino contemporáneo se ha consagrado en la idea de un «aparecer continuo e impactante», ahí donde la continuidad depende de una fuerza acumulativa y el impacto de su relevancia en tanto objeto de viralización. Lo que señala, en términos políticos, una contradicción elemental: la posibilidad de una transformación depende de agotar el espacio de lo sensible, obligando a la reflexión y a la política (en tanto formulación y operación de una estrategia) a reducirse en su forma, a un mensaje de fácil digestión táctica y conceptual, limitando fuertemente el campo de acción de lo transformacional.
Esto ha producido un contexto sociopolítico caracterizado por una condición-fuerza que constituye su núcleo más crítico, en tanto modo de relacionarnos con la realidad: un alto grado de incertidumbre producto de un régimen de verdad trizado. Esto es particularmente notorio en el campo de la política, donde la condición de disputar una verdad entre muchas, se ha convertido en la principal tarea de organización del poder, bajo un régimen de comunicación política que la ha condicionado bajo sus reglas retóricas, tanto textuales como visuales. Esta disputa se da en un entorno altamente productivo en materia de verosímiles falsos: imágenes, textos y formas de comunicación que enhebran verdades desde la invención, sin vínculo sostenido con una realidad-verdadera.
El campo de lo artístico no es ajeno a estas condicionantes, en particular aquellas escenas «institucionalizadas», ya sea por el circuito artístico-cultural que financia y exhibe al arte gracias a la obtención de fondos o similares, o por las siempre emergentes industrias creativas que anhelan encontrar en el mercado la respuesta a su condición de precariedad. En este escenario, y generalmente desde márgenes poco explorados, surgen posturas que reclaman una suerte de autonomía ética desde y para el arte, rebelándose frente a las lógicas del capitalismo cognitivo y algorítmico a través de estéticas que construyen poéticas desde lo invisible, lo críptico, lo imprevisible y lo extemporáneo. En este ejercicio de resistencia práctica, se condensan experiencias que buscan devolver una especie de aura frágil a la obra de arte, generando así un punto focal donde lo relevante es volver a enhebrar lo experiencial con lo comunitario, en un espacio donde lo presencial, lo análogo y lo local son el soporte de una resistencia frente a los grandes canales de información donde el sujeto deviene en un objeto de uso y consumo. Esto, a su vez, permite desenvolver acciones artísticas cuyo propósito es «des-entrenar el algoritmo», a partir de manifestaciones que a través de retóricas como el absurdo, el sinsentido o el ruido digital, entran en conflicto con las lógicas algorítmicas, generando obras que subvierten el orden hegemónico de la actual cultura del flujo algorítmico.
En concierto con lo anterior, cabe hacerse la pregunta respecto a cómo estas posibles estrategias de subversión de lo masivo (y que buscan constituirse en espacios de autonomía y libertad frente a la opresión del flujo hipermoderno donde tanto el trabajo como el ocio han encontrado su posibilidad de ser dispositivos de control del sujeto), pueden comprenderse en relación con las prácticas artísticas y las experiencias estéticas, en tanto nuevos modos de construcción cultural. Al respecto, una de las primeras preguntas que podemos hacernos es: ¿qué tipo de arte puede emerger desde esas veredas? ¿Cómo el arte puede recuperar una condición de inmanencia y singularidad en un contexto de permanente lucha por la visibilidad? ¿O bien el estatuto de la obra de arte se ha visto modificado en esta época de la hiperconexión, ya que su destino es ser parte de un flujo constante de percepciones/estímulos? ¿Es posible establecer una suerte de nueva «querella» entre dos formas de concebir el arte, en tanto modo de producción de sentido?
Frente a un diagnóstico que asevera la crisis de lo sensible producto de un empobrecimiento en las condiciones de ejercicio de las potencialidades del sujeto, en tanto generador de sentidos, lo que ha derivado en una experiencia de mundo que carece de individuación sobre el presente, manifestándose en una sobre compulsión de fragmentos experimentados a partir de «superficies urgentes», obstaculizando o imposibilitando manifestaciones políticas y/o culturales que constituyan acontecimiento, la voluntad de concebir desde lo artístico una respuesta parece adscribir nuevos tintes transformadores. Ante la condición de fragmentación expansiva, la recuperación de la subjetividad se presenta como un ejercicio de recomposición sensible, entendiendo la sensibilidad como el espacio-método de la percepción afectiva, ahí donde el arte constituye uno de sus operadores y agenciadores más potentes, en tanto su condición de re-presentador, re-articulador y re-configurador de la experiencia le permite al sujeto conciliar tanto el conocimiento como la emoción, y reflotar un «lugar en el mundo» a partir de la emergencia de acontecimientos. El poder acontecer, permite sublevar la experiencia.
La condición del arte en tanto forma de conocimiento se exhibe en este debate como una posibilidad interesante: como constatación de una verdad inmanente a su despliegue, o en otras palabras, como una alegoría que da cuenta de las tensiones de lo incierto (en tanto voluntad de poder en el campo de lo político-comunicacional), sin tener que apropiarse de un concepto de verdad, teniendo una libertad y autonomía extrínseca a los campos de fuerzas que la producen. Esto propone perspectivas críticas que tensionan sus condiciones éticas y estéticas: ¿es posible un arte transformador desde los márgenes de los dispositivos comunicacionales hegemónicos? ¿Es factible pensar formas artísticas que condicionen su poética en razón de atentar contra su propia visibilidad, en pos de modelos más localizados? Por otro lado, ¿qué posibilidades permiten configuraciones de este tipo, en tanto ficciones especulativas? Ahí donde el efecto de realidad queda determinado por imaginaciones y estrategias de comunicación, que en su negación de abordar la verdad (tanto como constructo y declaración), proponen relatos especulativos cuya finalidad es la recuperación de un sentido imaginativo, jugando con la realidad a partir del constructo de ficciones conscientes.
Frente a esto, las expresiones artísticas contienen un potencial único de elevar la experiencia de pérdida-en-presente, utilizando técnicas y conceptos que permitan develar la condición social como una apuesta de transformación política, entendiendo que la creación artística puede condensar en un objeto-experiencia, discursos que apelan a las emociones latentes, como también estrategias imaginarias para devolvernos una imagen de contemporaneidad, que permitan la construcción de pasadizos subversivos donde transite la subjetividad.